Como aficionado al atletismo llevo muchos años escuchando y leyendo cuando hablan de los record de maratón de Haile Gebresselasie, en los que siempre mencionan el número de “liebres” contratados por la organización, o de si en el kilómetro 30 ya ninguna pudo continuar con el trabajo previsto porque no había manera de seguir con ese ritmo. Incluso alguna vez he pensado que si el mejor maratoniano del mundo era capaz de correr a un determinado ritmo, que más da que llevase liebres o no. Ignorante yo. Pues bien, el domingo pasado me di cuenta en la media maratón de Córdoba de la importancia de llevar a alguien que te marque un ritmo determinado.

Me disponía a colocarme en la zona de salida, cuando entre un fuerte aguacero vislumbre un grupo numeroso vestidos de rojiblanco, enseguida me di cuenta que se trataba de mis amigos espeleños. Alegría. Me di cuenta que habría alguno con el que compartir kilómetros. Tras los pertinentes saludos de rigor me pregunta mi amigo Manuel por mi objetivo de carrera, diciéndome que vamos a lo mismo tras contestarle yo que lo intentaría a 4.30. Franky también se une al grupo. Pues venga, pistoletazo de salida. Empezamos lentos, normal si tenemos en cuenta que estábamos casi 3000 locos bajo agua. Luego el ritmo variaba, según los ataques del “el cartero” o de Franki que no se dejaba adelantar. En ese momento pensé, estos “inconscientes” espeleños me matan con tanto cambio de ritmo. Así que le dije a mi exjugador: “o me llevas a ritmo constante o ya nos veremos en meta”. Franki, que puedo decir que es el futbolista mas disciplinado que jamás tuve se lo tomó tan al pié de la letra que nos llevo a Manuel Ángel y a mi desde el kilómetro 5 hasta meta
a un ritmo constante que puedo asegurar que ni un GPS de esos que van “pipipipipi” lo consigue. Grande Franki. El tiempo en meta ni el de mis mejores sueños: 1.34.13, cinco minutos y medio menos que mi anterior mejor marcaResumiendo, que a ver si hay suerte y mis dos amigos espeleños se quieren venir a Los Palacios porque es un placer y lujo correr con ellos. Una pena no tener una foto con los dos para ilustrar el artículo.
Hasta la próxima

2 comentarios:
Hemos tardado más de diez años en empezar y terminar una carrera juntos. Ya era hora. Yo que en el 95% de las ocasiones hago las carreras solo, tengo que reconocer que es mucho más agradable correr con amigos.
Desprendo de tu artículo que echas de menos un poco de "latigo"; pues nada, me ofrezco a ir detrás (corriendo o en bici) con una buena vara de olivo para que sigas mejorando tus marcas de cinco en cinco minutos.
Felicidades desde Espiel.
Manuel Ángel Barbero.
Al leer el título creí que ibas a hablar de "la" MARY, la auténtica liebre.
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